Ha pasado más de un mes desde la última vez que escribí y falta menos de un mes para que vuelva a Madrid. Esto ha sido, de momento, como la etapa prólogo del Tour de Francia.
Es muy fácil decir "no tuve tiempo", "estoy muy liado", "el ritmo aquí es en extremo exigente" (esta última en tono casi militar), pero la verdad es que tampoco es que esté encadenado una silla con una máquina de propinar latigazos al lado, sudando sangre, ni flaco como Rocinante. Cuando me tiro a la bartola he pensado alguna vez en este blog, en que convendría actualizarlo, etc, pero el problema precisamente es que estaba tirado a la bartola, y como muchos de vosotros sabéis, a mi, si empiezo a hacer algo, me gusta hacerlo bien y terminarlo. Así que si estoy tirado a la bartola, tengo que estar tirado a la bartola con todas, como Dios manda, ahí, bien tirado a la bartola. Estar tirado a la bartola implica pensar en cosas que deberías hacer pero que no vas a hacer porque estás precisamente tirado a la bartola. Cuando cesa la actividad de estar tirado a la bartola, entonces ya sí que no tienes más tiempo para meterte con el blog, etc.
Pero, entonces, ¿cómo es que he hallado ahora un espacio para escribir?
Es sencillo. Estoy en la biblioteca estudiando. Es la situación opuesta a estar tirado a la bartola, es decir, se trata de la aristocracia de las obligaciones, lo más loable que podamos estar haciendo. Por fin , llega el momento en que todo aquéllo que proyectaba en el techo de mi imaginación, tumbado en la camaza, todas aquéllas actividades obligatorias,
llegan a realizarse. Entre ellas, estudiar, la más importante. Y en el ámbito de esta élite de lo correcto, surge la inevitable transgresión de ceder un escalón. De la nobleza descender a una actividad burguesa, como escribir en el blog. No es obligación sine qua non, sino un punto medio entre obligación y deseo animal hedonista, y he aquí, por fin, que dedico este espacio para hablar no de dónde fui, de cómo me encuentro, de qué tal todo, de qué onda wey con las elecciones, sino que escribo de por qué escribo. Y eso que el otro día me había propuesto que bastaba ya de la modita de la metaliteratura, que por qué no escribir una historia sin que haya ni alteregos, ni protagonista escritor, ni más autofelaciones, sino una historia sobre un señor, o una señora, o un perro, o un ácaro del polvo, o una maruja-tanque, o un fotógrafo con un cámara antigua y una sola foto por hacer en el carrete... en fin.
Creo que voy a atreverme a resucitar la Sesión de Cuentos aquí. Creo que voy a poner el tema de la primera sesión de cuentos, "historia que transcurre desde que un cigarro es encendido hasta que se apaga"... o no, aún no sé, pero ya he contactado con la fauna de cuen
tistas que pueblan Davis como los linces el Coto de Doñana: hermosos, misteriosos, esquivos... casi una leyenda. Pero haylos. Me gustaría que la gente de Madrid también participe. Se me ha ocurrido hacerlo de forma paralela y conectarnos por Skype. Ya os cuento...
Bueno. Nada más. O mucho más, pero resulta que tengo una máquina de latigazos que ya despierta, y tengo una montaña de libros que he de leer si no quiero que me corten dos miembros de mi cuerpo (a elección del dado anatómico incensurado). Y bueno, os cuento algo a modo de imágenes y Highlights:
PRIMER ATENTADO POÉTICO
Dos hombres ocultos por máscaras de lucha libre mexicana escandalizan el Campus de UC Davis a golpe de guitarra y versos
GRUPO DE PROFES PROGRES DE ESPAÑOL
DANI REALIZA SU SEGUNDO VIAJE A SAN FRANCISCO
Fue acompañado de Juan Manuel Portillo y su amiga Blanca, ambos de Juárez, México. Penetraron en la ciudad vía Golden Gate no sin antes disfrutar de las pinturas rupestres posthistóricas de la construcción 126.
Pasaron una noche de juerga en Mission, el barrio hispano de San Pancho, que aterroriza a los rostros pálidos y que hizo sentir como en hogar sweet hogar malasañero a Dani. Antes de Mission, dicho sea de paso, la noche comenzó en el barrio italiano, en el Vesuvio, garito recomendación de Silvia Oviedo, frente al City Lights Books, en la esquina entre Columbus Avenue y el Jack Kerouac Alley. Gracias Silvia!!
VIAJE A RENO, NEVADA, CON DANIELITA
Daniel se llama él y ella Daniela. Parece un chiste, pero sirve ya sea para el narcisismo o la autoestima. Chido, wey. Ya está.
Salieron el finde pasado, en el pequeño toyota de la mexicana con el propósito de no tener propósito, brújula o guía. Carretera y manta. El destino quiso hacia el Este, y de pronto las Rocky Mountains, la nieve, los osos, lobos, los bosques, los bosques de verdad, los lagos, el frío y los baños con estufa unisex. Luego, dejar por primera vez el estado de California y precipitarnos entre las luces de Reno, Nevada, la pequeña ciudad más grande del mundo. Juego y putas legales; puedesé fumar en los casinos!! Ganamos 20$ apostando uno, y nos lo bebimos a modo de minicubatas. Los casinos de Reno son espacios públicos, nada que ver con los de España. Dentro hay de todo. Desde ricachones a vagabundos. No se reserva el derecho de admisión. Abierto 24 horas, me dio la impresión de que hay gente que realmente vive ahí dentro, en esa pequeña ciudad tintineante e histéricamente luminosa donde cada paso es una falsa promesa de poner fin a la podredumbre.
A la vuelta, ventisca. No funcionaban las largas, la carretera totalmente cubierta de nieve, los camiones me pasaban como monstruos gigantescos, parada, sin móvil, qué hacemos, a echarle huevos, con tranquilidad cesó tempestad y nos deslizamos al valle de Sacramento.
DANIEL Y DANIELA ASISTEN A UN PARTIDO DE LA NBA
Los Sacramento Kinks jugaron contra los Phoenix Suns de Shaquille O'neall ayer viernes. Dani se quedó petrificado al principio del partido, cuando cantaron el himno nacional con una bandera proyectada en toda la superficie de la cancha. Todo el público en pie, con la mano derecha en el pecho y cantando emocionados. Dani se sintió juzgado por no participar, aunque quizás esto se deba a su pananoia. Por lo demás, recuerdos de infancia con la voz de Trecet, cerca de las estrellas en la época de Jordan, Magic y Larry Bird. Al lado de lo que me imaginaba de niño, esto me parecía de plástico, de broma, dirigido como una serie de TV, la emoción manejada... no parecía un juego sino un video juego, en serio. Se proyectaban imágenes en la cancha simulando relieves fantásticos, el locutor modelaba las emociones del público, el contraste terrible entre la obesidad mórbida de los espectadores y los cuerpos de goma de las cheer leaders señalando el luminoso de los sponsors, todos ellos cadenas de comida basura. He de reconocer que me gusta más el baloncesto europeo, y no es por chovinismo. En la NBA prima por encima de todo, la individualidad y lo físico. Casi no hay pases, asistencias. Es rápido, eventualmente espectacular, pero no es hermoso. En Europa prima lo colectivo y lo táctico. Creo que todo esto se puede extrapolar a la cultura en general de ambas zonas.